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Viernes, 17 de octubre de 2008

Ruído de otoño

Pasos que crujen

sobre las hojas secas

de un suelo vacío,

nos muestran las imágenes

de un otoño sereno

en el que el agua tibia

despierta al silencio.

Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Miércoles, 30 de abril de 2008

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LAS COFRADÍAS Y HERMANDADES LUCENTINAS.

Este artículo ha sido publicado en la revista Campanitas de la Hermandad del Cristo del Amor de Lucena y en él se hace referencia a algunos aspectos generales de las diversas hermandades y cofradías de Semana Santa de esta localidad cordobesa.



            Se acerca la Semana Santa y pronto veremos desfilar por nuestras calles los distintos pasos procesionales y ante ellos, cada cual dará su opinión sobre si va mejor o peor adornada que el año pasado, sobre si los santeros han hecho bien  o mal la salida o sobre cualquier otro asunto más o menos trascendente.

 

            ¿Pero no paramos a pensar muchas veces quien o quienes están detrás de todo esto?

 

            Sin duda  que son mucha las personas que organizan y participan en el desarrollo de la Semana Santa, y la mayoría de ellas forman parte de hermandades y cofradías, asociaciones religiosas que proyectan públicamente sus cultos y rituales procesionales, especialmente las de carácter penitencial reviviendo la pasión y muerte de Jesucristo, muchas de ellas con un gran arraigo popular y una larga andadura histórica. En principio pues, estas asociaciones tenían y tienen una base  y unos fundamentos religiosos, pero vamos a ver que no sólo religiosos.

           

            Las hermandades y cofradías, ya desde sus primeros tiempos se constituyeron además como vehículos privilegiados para crear y extender las relaciones interpersonales en la mayoría de las localidades andaluzas, pues no olvidemos que van a asumir también ciertas competencias en la realización de obras benéficas y asistenciales (obras pías), así como en la configuración de la jerarquización social y la visualización de la misma al tiempo que se constituyen como vehículo de comunicación entre el mundo seglar y la jerarquía eclesiástica e incluso con el poder político a través de la integración de las élites sociales en algunas de ellas.

           

            Pero estas características propias de cofradías y hermandades, que para algunos no dejan de ser meras instituciones religiosas y residuales, cumplen y desarrollan hoy una multiplicidad de funciones sociales, no menos importantes que las propiamente religiosas. Y esto es así hasta tal punto que en muchos casos, hasta hace poco eran casi las únicas formas asociativas que existían en muchas pequeñas poblaciones andaluzas.

           

            Pero además podemos afirmar que la importancia de las hermandades y cofradías semanasanteras se ha ido acrecentando con el paso del tiempo, pese a los avances de la sociedad moderna. Por ejemplo podemos ver como en Lucena, de las diecisiete cofradías y hermandades que hacen estación de penitencia en Semana Santa, nueve se han creado en la segunda mitad del siglo XX, y de éstas, cinco en las décadas de los años 80 y 90 de dicho siglo.

           

            Por tanto, vemos que el número de asociaciones de este tipo sigue creciendo al tiempo que ve aumentar la participación masiva en las mismas mediante su identificación con ellas y no sólo como meros socios inscritos, participando en las actividades festivo-ceremoniales que organizan y protagonizan personas y grupos de todos los sectores y ámbitos sociales, significación que se manifiesta en el gran interés que presenta el formar parte de las juntas directivas, y hoy quizá más que hace unas décadas, entre los miembros de los grupos económica y socialmente dominantes, tanto tradicionales como emergentes.

            Como elementos sociales que son, las cofradías y hermandades, según lugares, adoptan formas distintas del tipo “corporaciones, cuadrillas, cuarteles, etc., con características que las hacen diferentes, enriqueciendo así las formas asociativas vinculadas con los rituales festivos, conformando a estas hermandades y cofradías como claros vehículos de sociabilidad más o menos generalizados.

 

            Y efectivamente, el funcionamiento y organización de este tipo de asociaciones muestra importantes diferencias en función de los lugares y de las tradiciones locales más o menos arraigadas a lo largo del tiempo, pese a tener una base común de carácter religioso, como ya hemos visto.

 

            En Lucena nos encontramos con distintos tipos de cofradías y hermandades de Semana Santa, algunas de ellas con una larga andadura histórica como las archicofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la del Carmen las cuales gozan un  gran arraigo popular, hasta el punto que podemos afirmar que forman parte de la identidad lucentina, tanto por su riqueza patrimonial propia como por los aspectos puramente socioreligiosos. Son estas cofradías donde la división social es más clara, situándose a la cabeza de una jerarquía, no escrita, pero si más o menos comúnmente aceptada.

 

            Muchas de las cofradías y hermandades lucentinas están vinculadas socialmente a sus barrios y parroquias como puede ser el caso de la cofradía de Nuestro Padre Jesús del valle o la hermandad de Jesús amarrado a la Columna, en las que muchas veces el fervor popular desborda los límites  de sus calles o parroquias.

 

            Pero sin duda las más activas son las cofradías de creación más reciente, las cuales, poco a poco van encontrando su sitio en la Semana Santa lucentina, a base del tesón y el esfuerzo de sus asociados que pese a contar en muchas ocasiones con un patrimonio y una tradición menor están sabiendo llegar a la población, siendo asumidas y aceptadas por ésta como algo propio.

 

            Pero no debemos engañarnos, en la Semana Santa cada vez van ganando más peso los aspectos lúdicos y festivos frente a los puramente religiosos y asistenciales, por lo que no es raro que en los últimos años vengamos oyendo quejas desde distintos sectores de la sociedad lucentina en relación con esta pérdida de valores tradicionales que en su origen conformaban la razón de ser de hermandades y cofradías.

 

            A ello se une el papel secundario y subordinado de las mujeres en todo lo que respecta a la organización y desarrollo de las cofradías, algo que en otras localidades se va superando, pero que en la nuestra es todavía una realidad a estas alturas del siglo XXI.

 

            Por todo esto, consideramos que  sería necesario alcanzar un cierto equilibrio entre los valores y elementos tradicionales de las hermandades y cofradías, y su necesaria adaptación a los tiempos que corren pues ello sin duda no sólo supondrá una garantía de supervivencia de cara al futuro de estas asociaciones tan arraigadas en nuestra sociedad, sino que la Semana Santa lucentina seguirá ganando en esplendor y apoyo social, independientemente del grado de religiosidad que cada uno quiera otorgarle.

Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 19 de noviembre de 2007

EL VALOR DE LA EDUCACIÓN

Actualmente se ha convertido en una imagen habitual ver a los abuelos llevar a sus nietos al colegio o al parque, y ello me ha hecho reflexionar sobre lo mucho que ha cambiado la vida desde que yo iba al colegio con mis hermanos y amigos ya que nuestros padres no podían acompañarnos en la mayoría de los casos porque su trabajo se lo impedía, igual que ocurre hoy día.

Y es que la sociedad ha cambiado mucho, tanto el horario de trabajo como el escolar es también distinto, como diferente es la educación que los niños y jóvenes reciben en las escuelas e institutos y el valor que se le da a esa educación.

No voy ahora a hablar de las distintas leyes que se han ido sucediendo en relación con la educación que nos están llevando a una situación que a veces roza lo ridículo, sino del papel que en la revalorización de la educación debemos jugar todos como ciudadanos, pues es a nosotros, los adultos, a quienes nos corresponde, como padres y como profesores, formar a los ciudadanos del futuro.

Las oportunidades de formación con que cuentan hoy los niños y jóvenes son numerosas, pero sin embargo vemos como muchas veces no son aprovechadas como se debería. Las numerosas actividades que la sociedad de hoy les ofrece hace que se cuestione en ocasiones la utilidad de la educación, pues no han sido pocas las ocasiones en que algunos alumnos nos han plantado cara diciendo que para que sirve ir a perder el tiempo al instituto, si lo que quieren es trabajar, tener su sueldecito para sus cosas sin tener que dedicarle buena parte de su tiempo a ir a clase, estudiar para los exámenes, hacer las actividades, etc.

Esta situación en muchas ocasiones son toleradas, e incluso alentadas por los propios padres, con comentarios y posiciones que les hacen incapaces de valorar la educación como instrumento para el desarrollo de la vida y para la realización personal de sus propios hijos.

Quizá podríamos pensar que en la actualidad nuestros jóvenes y niños se encuentran con una vida demasiado fácil, donde el esfuerzo por salir adelante no va con ellos, para eso están ya los padres que le sacan muchas veces las castañas del fuego, no siendo conscientes unos y otros de que cuando se sale de la tutela familiar la vida es mucho más dura de lo que parece, con una gran competencia a la hora de encontrar un trabajo digno, acorde con su formación y con sus posibilidades.

Hay que reconocer que esta visión es sin duda bastante simplista, aunque más generalizada de lo que sería necesario, si tenemos en cuenta que cada año miles de jóvenes se examinan de la selectividad o realizan pruebas para el ingreso en los ciclos formativos, o simplemente se preparan de una manera u otra para incorporarse a la vida laboral y lo hacen no sin esfuerzo, pues sacar unas notas suficientemente buenas para poder optar a una plaza en la carrera que les gusta, por ejemplo, no es tan fácil. O competir a la hora de encontrar un trabajo o una beca para el extranjero, con otras personas tan preparadas o más que uno pues tampoco es tarea baladí.

Las generaciones anteriores, bien por su falta de medios, bien porque no había la misma oportunidad para todos, no han tenido las mismas posibilidades de acceder a una buena formación académica (salvo excepciones). Se habla de que nuestros jóvenes son los mejor formados de nuestra historia, y sin embargo muchas veces se les tacha de vagos, de parásitos, de vivir de papá y mamá, cuando la realidad es que muchos de ellos intentan buscarse la vida como pueden, una vez que terminan su formación, sea a los 16 años, sea a los veintitantos, teniéndose que enfrentar a una vida que es cara y les impide por ejemplo acceder a una casa donde vivir solos o en pareja, pues los sueldos no se corresponden muchas veces con las necesidades que la sociedad les plantea y les exige.

Quizá muchos de los abuelos que llevan a sus nietos al colegio o que cuidan de ellos mientras sus padres están en el trabajo, se planteen qué futuro les espera a estos niños. Quizá sean optimistas si vuelven su mirada hacia atrás, cuando ellos eran más jóvenes y tenían el mundo en sus manos, o cuando sus propios hijos, -los padres de esos niños que ahora están a su cuidado- eran pequeños pero sin las oportunidades que la sociedad les ofrece hoy. Pero quizá también tengan su poso de pesimismo ante lo que les pueda surgir en el futuro a esos niños que ahora llevan de su mano, o ante la rapidez con que gira la vida actualmente que parece que nos sobrepasa.

No obstante, a buen seguro que la mayoría de esos niños de hoy serán capaces de adaptarse a la vida que les toque vivir, igual que hicieron sus abuelos y sus padres, y sin duda para desarrollar esa capacidad de adaptación el mejor instrumento es una buena formación que les sirva para ampliar sus horizontes, ser más tolerantes y en definitiva hacerles ciudadanos más libres, pues si la libertad se caracteriza por la posibilidad de elegir, en la medida que una persona esté mejor preparada, mejor podrá discernir entre lo que le pueda interesar o no para desarrollarse social y profesionalmente, lo que en definitiva les llevará hacia una vida mejor.

Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Sábado, 17 de noviembre de 2007

ALGO SOBRE INMIGRACIÓN O MIEDO AL DIFERENTE.

ALGO SOBRE INMIGRACIÓN O MIEDO AL DIFERENTE.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define como inmigrante a aquel que inmigra, esto es que se desplaza de su lugar de origen para establecerse en otro. Las causas de ese desplazamiento son varias pero en la inmensa mayoría de los casos se debe a la necesidad de buscar una vida mejor, huyendo de la miseria que sufren en sus países.

Andalucía, y por supuesto Lucena, hasta hace poco más de una década era tierra de emigrantes, (¿quién no tiene algún pariente fuera?). Hoy la situación ha cambiado mucho y nuestra tierra se ha convertido en una tierra de inmigración y es bastante común ver por la calle a numerosas personas extranjeras que de forma paulatina se han ido estableciendo aquí.

Todos los días en la prensa vemos y oímos algo relacionado con este asunto, cuando no es la llegada de pateras es que se ha detenido o multado a algún empresario por contratar de forma ilegal a inmigrantes sin papeles. En definitiva que el tema se ha ido colando en nuestra vida diaria de forma que este “fenómeno” está ahí y no debemos cerrar los ojos ante él.

Pero claro, cuando se pasa en relativamente poco tiempo de una situación a otra surgen dudas, recelos e incluso a veces (desgraciadamente cada vez con más frecuencia) reacciones de rechazo, unas veces sordas y calladas (cuando se va alquilar una casa se pregunta si es usted español por ejemplo y según la respuesta así se actúa por el arrendador), otras se convierten en clamor, resultando situaciones de tensión e incluso miedo.

En los últimos tiempos me ha tocado oír algunas cosas que me han desagradado especialmente como “odio a todos los moros”, o “los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo”. Pues bien, estos y otros comentarios los he oído de boca de jóvenes alumnos míos que evidentemente mostraban las ideas que comparten otros muchos. Veamos. Cuando un chico de 15 años dijo delante de sus compañeros odiar a esas personas inmediatamente pregunté por qué, la respuesta fue muy sencilla “no lo sé”. Evidentemente desconocía prácticamente todo sobre esas personas a las que decía odiar.

En lo que respecta a la segunda afirmación, también fue desmontada con facilidad y lo que es peor mostró una situación de explotación bastante común en Lucena. El chico en cuestión, en este caso de 18 años y empleado en una carpintería mostró su convencimiento de que los inmigrantes venían a quitarnos el trabajo. Una compañera le preguntó porqué si en realidad hacían los trabajos que no queremos nosotros, y según él efectivamente eso era así, pero que el problema era que trabajaban por menos dinero y por ello los españoles se veían obligados a trabajar más horas o se les echaba. Ante eso se planteaba otra cuestión: ¿el problema procedían de los inmigrantes o de las personas que les contrataban? La respuesta está bastante clara. Aun así, como insistiera en su rechazo, le pregunté ¿yo le estoy quitando el trabajo a alguien, por qué yo soy un inmigrante? Su respuesta fue rotunda: “usted no lo es”. ¿Por qué yo no? Insistí, si yo mismo no soy de aquí. “Si pero usted es como nosotros”.

Aquí surgió creo yo el verdadero quid de la cuestión, lo que realmente tenemos es el miedo al diferente, a aquel que tiene unas formas de vida, una lengua o una raza diferente a la nuestra, y que para colmo suele ser más pobre que nosotros.

No nos quejamos de los ricos, sino de los pobres. Si en el Llano de las Tinajerías en vez de quererse establecer un lugar donde los inmigrantes puedan ducharse y lavar su ropa se quisiera construir una mansión para un rico extranjero probablemente la reacción de los vecinos hubiese sido bastante diferente.

Bien es verdad que afortunadamente no han surgido excesivos brotes racistas en nuestra población (pintadas, algunos gritos, etc.) pero desgraciadamente, poco a poco va calando en la población en general unos ciertos comportamientos de tipo xenófobo al que no debemos perder de vista: se generaliza la identificación de inmigrante igual a delincuente, se le niega el acceso a una vivienda o se les cobra alquileres desorbitados por el hecho de ser forastero. O simplemente se les ignora, pues ahora que vivimos en un país rico, el pobre que busca una vida mejor entre nosotros hay que tratarlos como si fueran de segunda clase. Claro que el dinero con el que compran en nuestras tiendas, los impuestos que pagan si que valen (y cómo).

Cierto es que de entre las inmigrantes hay también mala gente que delinque o no quiere trabajar, pero por ahora que sepamos es una minoría. Hay otros muchos que están de forma ilegal en nuestra tierra, pero el problema de su “ilegalidad” generalmente procede de otros, que le cortan el paso para legalizar su situación y los condena a la marginalidad.

Afortunadamente también en Lucena encontramos personas y colectivos que con amplitud de miras ayuda y se solidariza con estas personas que por avatares de la vida han decidido instalarse en Lucena, ayudándoles a integrarse en una sociedad que yo espero que sea lo suficientemente tolerante como para acoger a esas gentes aunque sean diferentes y más pobres.

Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)